Los Nueve Primeros Viernes y la Gran Promesa
Esta devoción consiste en recibir la Sagrada Comunión el primer viernes de mes durante nueve meses consecutivos, con intención de honrar al Sagrado Corazón y reparar las ofensas contra el Santísimo Sacramento. A ella se une la llamada Gran Promesa, recogida en una carta de Santa Margarita María a la Madre de Saumaise, fechada por sus editores en mayo de 1688; la santa la introduce con una cláusula de humildad: «si ella no se engaña» [1].
La piedad popular ha reunido también las Doce Promesas del Sagrado Corazón, recogidas de los escritos de la santa: la lista circulaba con once promesas —ya en un folleto del Apostolado de la Oración de 1863 [3]—, y en 1911 el jesuita Bainvel anotaba que la duodécima, la Gran Promesa, «se empieza a añadir desde hace algunos años» [2]. El mismo Bainvel precisa que las promesas reflejan fielmente el pensamiento de la santa [2].
- Les daré todas las gracias necesarias para su estado de vida.
- Pondré paz en sus familias.
- Las consolaré en todas sus penas.
- Seré su refugio durante la vida y, sobre todo, a la hora de la muerte.
- Derramaré abundantes bendiciones en todas sus empresas.
- Los pecadores encontrarán en mi Corazón un océano de misericordia.
- Las almas tibias se volverán fervorosas.
- Las almas fervorosas harán rápidos progresos en la perfección.
- Bendeciré las casas donde la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.
- Otorgaré a quienes se ocupan de la salvación de las almas el don de mover los corazones más endurecidos.
- Grabaré para siempre en mi Corazón los nombres de quienes propaguen esta devoción.
- La Gran Promesa (véase arriba).
Recopilación del siglo XIX de frases de Santa Margarita María de Alacoque, fiel a su pensamiento (Bainvel, 1911).
Arte del Sagrado Corazón · dominio público
Para rezarla
«Yo te prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que su amor todopoderoso concederá a todos aquellos que comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos la gracia de la penitencia final: no morirán en mi desgracia ni sin recibir sus Sacramentos, y mi Corazón divino será su refugio en aquel último momento.»
Santa Margarita María de Alacoque, carta a la Madre de Saumaise (mayo de 1688). En la carta original la santa añade la cláusula de humildad «si ella no se engaña».
Fuentes y documentación
- Fuente histórica secundaria