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Sagrado Corazón de Jesús
Camino de devoción

Reparación y desagravio

La devoción al Sagrado Corazón es, por su misma naturaleza, reparadora: responde con amor al amor no correspondido. La Iglesia dedica al Corazón de Jesús su fiesta y todo el mes de junio.

La Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús se celebra el viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés (primer viernes después de la octava del Corpus). El mes de junio está dedicado por entero al Sagrado Corazón —porque la fiesta cae siempre en este mes—, prolongando a los treinta días sus gracias con meditación diaria, comunión reparadora, oración en familia y actos de desagravio.

Acto de reparación de Pío XI

Es el acto oficial de reparación, para recitarse cada año en la fiesta del Sagrado Corazón. Procede de la encíclica Miserentissimus Redemptor (1928), a cuyo pie figura como «Oración expiatoria», y comienza con las palabras Iesu dulcissime [1]; conviene no confundirlo con la consagración de León XIII, de comienzo similar.

Invocaciones de desagravio al pie de la Cruz

Del Mes del Sagrado Corazón (P. Grautelet) y de San Enrique de Ossó; la respuesta constante es tened piedad de mí.

Desagravio eucarístico

La reparación eucarística: Fátima y los sagrarios abandonados

La reparación al Corazón de Jesús se enlaza con el mensaje de Fátima y con la devoción de desagravio al Inmaculado Corazón de María. Del mensaje de Fátima proviene la oración de postración que el Ángel enseñó a los pastorcitos en 1916, recogida en las Memorias de Sor Lucía [2]:

A ella se unen los Cinco Primeros Sábados, que la Virgen pidió a Sor Lucía en Pontevedra el 10 de diciembre de 1925 [2], como desagravio al Inmaculado Corazón de María —devoción hermana de los Primeros Viernes—, y la memoria de San Manuel González García (canonizado el 16 de octubre de 2016) [3], «Obispo de los sagrarios abandonados», cuyo epitafio, dictado por él mismo y grabado en la lápida de su tumba en la catedral de Palencia, reza [4]: «Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos, después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén siempre diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No lo dejéis abandonado!»

Gloria, honor, amor y reparación al Sagrado Corazón de Jesús y al Purísimo Corazón de María. Así sea.

Puedes seguir rezando con las oraciones al Sagrado Corazón y renovar tu entrega con las fórmulas de consagración.

Para rezarla

«Dulcísimo Jesús, cuya caridad derramada sobre los hombres se paga tan ingratamente con el olvido, el desdén y el desprecio, míranos aquí postrados ante tu altar. Queremos reparar con especiales manifestaciones de honor tan indigna frialdad y las injurias con las que en todas partes es herido por los hombres tu amoroso Corazón. Recordando, sin embargo, que también nosotros nos hemos manchado tantas veces con el mal, y sintiendo ahora vivísimo dolor, imploramos ante todo tu misericordia para nosotros, dispuestos a reparar con voluntaria expiación no sólo los pecados que cometimos nosotros mismos, sino también los de aquellos que, perdidos y alejados del camino de la salud, rehúsan seguirte como pastor y guía… Acepta, te rogamos, benignísimo Jesús, por intercesión de la Bienaventurada Virgen María Reparadora, el voluntario ofrecimiento de esta expiación; y con el gran don de la perseverancia, consérvanos fidelísimos hasta la muerte en el culto y servicio a Ti, para que lleguemos todos un día a la patria donde Tú, con el Padre y con el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.»

Pío XI, acto de reparación Iesu dulcissime, encíclica Miserentissimus Redemptor (1928).

«Humildemente postrada al pie de vuestra santa cruz, os diré siempre, mi amado Jesús, para conmover las entrañas de vuestra misericordia, a fin de que me perdonéis: Jesús, desconocido y despreciado, tened piedad de mí. Jesús, calumniado y perseguido, tened piedad de mí. Jesús, abandonado de los hombres y tentado, tened piedad de mí. Jesús, entregado y vendido por vil precio, tened piedad de mí. Jesús, coronado de espinas y saludado con escarnio, tened piedad de mí. Jesús, triste hasta la muerte, tened piedad de mí. Jesús, colmado de dolores, tened piedad de mí. Oración: ¡Oh buen Jesús, que habéis querido sufrir oprobios y humillaciones por mi amor!, imprimid eficazmente en mi corazón no tan sólo su recuerdo, sino también la gratitud a tanto como por mí sufristeis. Haced sobre todo que os muestre prácticamente este agradecimiento, siguiéndoos con fidelidad.»

Acto de desagravio al pie de la Cruz (P. Grautelet, Mes del Sagrado Corazón; San Enrique de Ossó). Selección de invocaciones.

«Oh divino Corazón de Jesús, que quisiste mostrarnos el exceso de tu amor y misericordia en la Cruz dejándote atravesar el costado para abrirnos la entrada en tu Corazón: recibe hoy nuestros corazones y los de todos los pecadores; atráelos con la fuerza de tu ardiente caridad y consúmelos con la fuerza de tu amor. Así sea.»

Oración de desagravio eucarístico, Breviario del Sagrado Corazón.

«Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman.»

Oración que el Ángel enseñó a los pastorcitos de Fátima en 1916, recogida en las Memorias de Sor Lucía.

«¡Oh Jesús, te ofrezco este sacrificio por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados que tanto ofenden al Inmaculado Corazón de María!»

Oración de ofrecimiento reparador cotidiano.

Fuentes y documentación