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Sagrado Corazón de Jesús
Santo · 1850–1925

Santa Rafaela María del Sagrado Corazón y las Esclavas del Sagrado Corazón

Rafaela María Porras y Ayllón nació en el pueblo cordobés de Pedro Abad el 1 de marzo de 1850. Huérfana muy pronto, se dedicó con su hermana Dolores a la oración y a la caridad, un género de vida que chocaba con las conveniencias de su alta posición social y con los deseos de su familia [1]. Pío XII resumió así su juventud: una orfandad cada vez más retirada, consagrada a la caridad y a la devoción, y un deseo concreto, el de consumirse como llama silenciosa ante un Tabernáculo escondido [2].

Fundadora sin quererlo

En 1874 la Providencia le hizo encontrar al sacerdote José Antonio Ortiz Urruela. Con apenas veintisiete años tenía un ideal claro, la santidad por medio de la reparación, y en las manos una obra que no había buscado. Ella misma diría: «Yo no quiero ser fundadora» [2]. En 1877 el cardenal Moreno concedió al instituto su primera aprobación [2]. El 24 de enero de 1886 recibió el Decretum Laudis y un año después fue aprobado definitivamente con el nombre de Congregación de Esclavas del Sagrado Corazón [1]. Para consolidarlo acudió a los escritos de san Ignacio de Loyola, los Ejercicios y las Constituciones, como fuente de su espiritualidad [2].

Adoración y reparación

San Pablo VI explicó en la canonización el carisma que la fundadora quiso para su instituto: el culto público al Santísimo Sacramento expuesto, en actitud de reparación por las ofensas cometidas contra el amor de Cristo; el apostolado de formación de las jóvenes, con preferencia por la educación de las pobres; y centros de espiritualidad para facilitar el encuentro con Dios. La adoración al Santísimo Sacramento constituye, dijo el Papa, una fisonomía típica de santa Rafaela María: en ella centraba su espiritualidad y educaba a sus hijas [1].

El ocaso en la cruz

Dirigió el instituto durante dieciséis años y tuvo que renunciar a su gobierno por motivos infundados [1]; la renuncia se produjo en Roma en 1893, cuando tenía cuarenta y tres años. Le quedaban otros treinta y dos de vida, vividos en la sombra, en obediencia, austeridad y humildad. Pío XII escribió que al Corazón Divino le atribuía todo, su fundación y su vida, y que a ese mismo Corazón se ofrecía todos los días, en espíritu de reparación por los pecados del mundo [2].

Murió en Roma, prácticamente olvidada, el 6 de enero de 1925 [1], trece días después de que el Papa abriera la Puerta Santa del Año Jubilar [2].

Beatificación y canonización

Fue beatificada en Roma en mayo de 1952, y el 19 de mayo Pío XII recibió a los peregrinos llegados para la beatificación; para entonces las Esclavas trabajaban con colegios, escuelas y casas de ejercicios desde España hasta Japón [2]. San Pablo VI la canonizó el 23 de enero de 1977 [1]. El Martirologio Romano la recuerda el 6 de enero [3].

Palabras suyas

Yo no quiero ser fundadoraPío XII, discurso a los peregrinos presentes en Roma para la beatificación de la madre Rafaela María del Sagrado Corazón de Jesús, 19 de mayo de 1952 (palabras de la santa recogidas por el Papa).

Fuentes y documentación