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Sagrado Corazón de Jesús
Santo · 1842–1912

Santa María Josefa del Corazón de Jesús y las Siervas de Jesús

Fotografía antigua de santa María Josefa Sancho de Guerra con el hábito de las Siervas de Jesús
Autor desconocido · dominio público

María Josefa Sancho de Guerra, hija primogénita de Bernabé Sancho, sillero, y de Petra de Guerra, nació en Vitoria el 7 de septiembre de 1842 y fue bautizada al día siguiente. Quedó huérfana de padre a los siete años. A los quince la enviaron a Madrid para completar su formación. De su infancia se recuerdan una fuerte piedad hacia la Eucaristía y la Virgen María, la sensibilidad hacia los pobres y los enfermos y la inclinación al retiro [1].

En busca de su camino

Solía repetir: «Nací con la vocación religiosa». En 1860 estuvo a punto de entrar en las concepcionistas contemplativas de Aranjuez, pero se lo impidió una grave enfermedad de tifus. Entró después en las Siervas de María, fundadas en Madrid por santa Soledad Torres Acosta. Sus contactos con san Antonio María Claret y sus coloquios con la propia santa Soledad la llevaron a salir de aquel instituto para dar vida a una familia religiosa dedicada exclusivamente a asistir a los enfermos en los hospitales y en sus domicilios. Otras cuatro Siervas de María, con permiso del cardenal arzobispo de Toledo, salieron con ella [1].

Las Siervas de Jesús

La fundación se hizo en Bilbao en la primavera de 1871, cuando María Josefa tenía 29 años. Durante 41 años seguidos fue superiora del nuevo Instituto de las Siervas de Jesús. Viajó para visitar las comunidades hasta que una larga enfermedad la confinó en la casa de Bilbao, desde donde las siguió con una copiosa correspondencia [1]. San Juan Pablo II recordó que, enferma los últimos doce años de su vida, no ahorró esfuerzos ni sufrimientos al servicio del enfermo [2].

El Corazón de Jesús, centro de su vida

Los escritos y los testimonios señalan como primer punto de su espiritualidad el gran amor a la Eucaristía y al Sagrado Corazón, junto con la participación en el dolor de Cristo y en su Cruz y la dedicación completa a los enfermos en un clima contemplativo [1]. A sus religiosas les proponía: «Formemos en el Corazón Divino de Jesús nuestro centro de comunicaciones con Él» [1]. Y les pedía, además de las medicinas y los alimentos, «la asistencia del corazón», que el Papa citó en la canonización [1][2].

Muerte y glorificación

Murió el 20 de marzo de 1912, después de largos años de sufrimiento. Dejaba 43 casas fundadas y más de un millar de religiosas. Enterrada en el cementerio de Bilbao, en 1926 sus restos se trasladaron a la capilla de la casa madre del instituto [1]. San Juan Pablo II la beatificó el 27 de septiembre de 1992 y la canonizó el 1 de octubre de 2000 [1][2]; fue la primera vasca canonizada [2]. El Martirologio Romano la recuerda el 20 de marzo, en Bilbao [3].

Palabras suyas

Formemos en el Corazón Divino de Jesús nuestro centro de comunicaciones con Él. Podemos hacerlo con la frecuencia que lo deseemos, sin temor de molestar a nadie; sólo con Jesús será nuestra intimidadSanta Sede, Oficina de las Celebraciones Litúrgicas, biografía de María Josefa del Corazón de Jesús, 1 de octubre de 2000, que la toma de Consejos y Máximas de nuestra Venerada Madre Fundadora, Madrid, Imprenta Juan Bravo, 1994, p. 15.
No crean, Hermanas, que la asistencia a los enfermos consiste solo en dar las medicinas y los alimentos al enfermo, hay otra clase de asistencia que nunca deben olvidar, y es la del corazón, procurando acomodarse a la persona que sufre, saliendo al encuentro de sus necesidadesSanta Sede, Oficina de las Celebraciones Litúrgicas, biografía de María Josefa del Corazón de Jesús, 1 de octubre de 2000, que la toma de P. B. Aristegui, Beata Maria Giuseppa del Cuore di Gesù, Mensajero, 1992, p. 97.

Fuentes y documentación