Santa Genoveva Torres Morales, el «Ángel de la soledad»
Genoveva Torres Morales nació en Almenara (Castellón) el 3 de enero de 1870. Huérfana a los ocho años, tuvo que hacerse cargo de la casa y del cuidado de un hermano. A los trece años hubo que amputarle una pierna de forma rudimentaria, y desde entonces anduvo siempre con dos muletas. Acogida en la Casa de la Misericordia de Valencia, completó allí su escasa formación y creció en la vida espiritual [1].
Una fortaleza heroica
San Juan Pablo II vio en ella una fortaleza heroica, en lo humano y en lo apostólico: la amputación no le impidió discernir y cumplir con paso firme la voluntad del Señor. Mujer humilde por origen y por cultura, poseyó, dijo el Papa, la ciencia del amor divino, aprendida en su intensa devoción al Corazón de Jesucristo. Solía repetir: «Todo lo vence el amor» [2].
La Sociedad Angélica
A los veinticuatro años, unida a dos compañeras, fundó la Sociedad Angélica, para dar amparo a mujeres solas y para la adoración nocturna de la Eucaristía. Desde la casa madre de Zaragoza la obra se extendió con rapidez [1]. Con la aprobación pontificia tomó el nombre de Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Santos Ángeles [1]. El Papa recordó que la fundó en Valencia para atender material y espiritualmente, en un verdadero hogar, a mujeres que se encontraban en el desamparo y la necesidad [2]. El Martirologio Romano resume su obra como una congregación para la asistencia de las mujeres [4].
El Corazón de Jesús y la Eucaristía
Afable y misericordiosa, gobernó la obra con sabiduría espiritual. Muy devota de la Virgen, especialmente por el rezo del Rosario, tuvo por centro de su vida al Corazón de Jesús y a la Eucaristía [1]. En la canonización, el Papa señaló que la nota característica que impulsaba su espiritualidad era la adoración reparadora a la Eucaristía, fundamento de un apostolado lleno de humildad, sencillez, abnegación y caridad, y la presentó como instrumento de la ternura de Dios hacia las personas solas y necesitadas de amor, de consuelo y de cuidados en el cuerpo y en el espíritu [3].
El «Ángel de la soledad»
Murió en Zaragoza el 5 de enero de 1956. El pueblo comenzó a invocarla con el título de «Ángel de la soledad» [1]. San Juan Pablo II la beatificó el 29 de enero de 1995 [1][2] y la canonizó en la plaza de Colón de Madrid el 4 de mayo de 2003, en la misma misa que a san José María Rubio, santa Ángela de la Cruz y santa Maravillas de Jesús [3]. El Martirologio Romano la recuerda el 5 de enero [4].
Su compañero de canonización tiene ficha propia: San José María Rubio y Peralta. La de santa Maravillas de Jesús cuenta el Carmelo del Cerro de los Ángeles.
Palabras suyas
Todo lo vence el amorJuan Pablo II, homilía en la beatificación de Rafael Guízar Valencia, Modestino de Jesús y María, Genoveva Torres Morales y Grimoaldo de la Purificación, 29 de enero de 1995 (frase que la santa solía repetir).
Fuentes y documentación
- Obra de consulta