San José María Rubio y Peralta, el apóstol de Madrid
José María Rubio y Peralta nació en Dalías (Almería) el 22 de julio de 1864, en una familia muy numerosa. Estudió en los seminarios de Granada y de Madrid, y en Madrid fue ordenado presbítero en 1887. Ejerció el ministerio en las parroquias de Chinchón y Estremera, fue profesor del seminario, notario de la curia y capellán de las monjas bernardas [1].
Jesuita en Madrid
En 1906 ingresó en la Compañía de Jesús y fue destinado de nuevo a Madrid, donde permaneció hasta su muerte [1]. Formado en la escuela de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio, se dedicó a reconciliar penitentes en el confesionario, a predicar el Evangelio de forma sencilla, a la atención pastoral y social de los barrios más pobres y a la formación de seglares para que vivieran como cristianos en la familia, en la profesión y en la sociedad. Ya en vida le llamaron «el apóstol de Madrid» [1].
San Juan Pablo II recordó en la beatificación su tacto de director de almas, que durante años de paciente y callada labor fue forjando apóstoles de toda clase social. A los seglares les repetía: «¡Hay que lanzarse!», y los animaba a estar presentes como cristianos en los ambientes pobres de la periferia de Madrid, donde él creó escuelas y atendió a enfermos, ancianos y obreros sin trabajo [2]. En la canonización, el Papa destacó las largas horas de confesionario y las numerosas tandas de ejercicios espirituales en las que formó a muchos cristianos que después morirían mártires durante la persecución religiosa en España. Su lema era: «Hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios hace» [3].
La Eucaristía y el Corazón de Jesús
Su profunda vida espiritual se alimentó sobre todo del amor a la Eucaristía y de la devoción al Corazón de Jesús [1]. Juan Pablo II lo explicó así: su trato asiduo con Cristo, particularmente en el sacramento de la Eucaristía, y su devoción al Sagrado Corazón le fueron introduciendo en la intimidad del Señor y en sus mismos sentimientos [2]. De esa fuente nació su apostolado eucarístico: promovió la obra de las Marías de los Sagrarios [1], la rama de seglares con la que san Manuel González había iniciado la Unión Eucarística Reparadora [5].
Muerte y canonización
Murió en Aranjuez el 2 de mayo de 1929 [1]. San Juan Pablo II lo beatificó el 6 de octubre de 1985 [1][2] y lo canonizó en la plaza de Colón de Madrid el 4 de mayo de 2003 [3]. El Martirologio Romano lo recuerda el 2 de mayo como sacerdote de la Compañía de Jesús que se distinguió en escuchar a los penitentes, predicar ejercicios espirituales y visitar a los pobres de Madrid [4].
Su vida enlaza con la de san Manuel González, fundador de las Marías de los Sagrarios, y con la de santa Genoveva Torres Morales, canonizada en la misma misa.
Palabras suyas
Hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios haceJuan Pablo II, homilía en la misa de canonización en la plaza de Colón, Madrid, 4 de mayo de 2003 (lema del santo).
¡Hay que lanzarse!Juan Pablo II, homilía en la beatificación de Diego Luis de San Vitores, José María Rubio y Peralta y Francisco Gárate, 6 de octubre de 1985 (frase que el santo gustaba repetir a los seglares).
Fuentes y documentación
- Obra de consulta