Beato Manuel Domingo y Sol, fundador de los Sacerdotes Operarios Diocesanos del Corazón de Jesús

Manuel Domingo y Sol nació en Tortosa el 1 de abril de 1836. Entró en el seminario a los quince años y fue ordenado sacerdote el 2 de junio de 1860. En sus primeros trece años de ministerio fue misionero diocesano, párroco, profesor del Instituto de Tortosa y confesor de religiosas; se dedicó sobre todo a los jóvenes, para quienes levantó un centro de reunión y fundó El Congregante, la primera revista juvenil católica de España [1].
La llave de la cosecha
En febrero de 1873 se cruzó por la calle con Ramón Valero, un seminarista pobre que vivía de limosna en una buhardilla, y lo invitó a su casa con sus compañeros. En septiembre reunía ya a veinticuatro en la «Casa de San José», y el 11 de abril de 1879 inauguró el Colegio de San José para Vocaciones Eclesiásticas, con trescientos alumnos. Sostenía que «la formación del Clero es lo que podríamos decir la llave de la cosecha en todos los campos de la gloria de Dios» [1].
El 29 de enero de 1883, después de celebrar la Eucaristía, se sintió llamado a reunir un grupo de sacerdotes dedicados a formar seminaristas; el obispo de Tortosa aprobó la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos el 17 de mayo de 1883. Siguieron colegios de vocaciones en Valencia, Murcia, Orihuela, Plasencia, Burgos, Almería, Lisboa y Toledo, la dirección de numerosos seminarios en España y México y, en 1892, el Colegio de San José de Roma, que ha formado a más de tres mil alumnos y dado más de setenta obispos a las diócesis españolas [1]. Juan Pablo II lo presentó como fundador de la Hermandad «del Corazón de Jesús» y del Pontificio Colegio Español [4].
Reparación al Corazón de Jesús
Su fecundidad nacía de una espiritualidad «fundada en la Reparación al Corazón de Jesús, principalmente en la Eucaristía». En 1889 aceptó para la Hermandad el Templo Nacional Expiatorio de San Felipe de Jesús, en México, y en 1903 pudo cumplir el sueño de edificar un Templo de Reparación en Tortosa [1]. En la homilía de beatificación, Juan Pablo II señaló como raíz de toda su tarea apostólica su espíritu eucarístico y reparador, herencia que dejó a la Hermandad, y afirmó de él y del cardenal Spínola: «Los dos Beatos se distinguieron por su amor ardiente e íntimo a Jesucristo en la Eucaristía y al Sagrado Corazón de Jesús» [3].
Muerte y beatificación
Celebró su última misa el 18 de enero de 1909 y murió el 25 de enero de 1909. Dejó a los setenta y cinco operarios de la Hermandad diez colegios de vocaciones, diecisiete seminarios, dos templos de Reparación y el Colegio Español de Roma [1]. En 1926 sus restos se trasladaron al mausoleo del Templo de Reparación de Tortosa. Pablo VI lo declaró venerable el 4 de mayo de 1970 llamándolo «santo apóstol de las vocaciones sacerdotales», y Juan Pablo II lo beatificó en la basílica de San Pedro el 29 de marzo de 1987 [2][3]. El Martirologio Romano lo recuerda el 25 de enero [5].
Palabras suyas
la formación del Clero es lo que podríamos decir la llave de la cosecha en todos los campos de la gloria de DiosHermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, «Biografía» del beato Manuel Domingo y Sol (palabras de Mosén Sol).
entre todas las obras de celo no hay ninguna tan grande y de tanta gloria de Dios como contribuir a dar muchos y buenos sacerdotes a la IglesiaJuan Pablo II, homilía en la beatificación de cinco siervos de Dios españoles, 29 de marzo de 1987 (palabras de Mosén Sol).
Fuentes y documentación
- Obra de consulta