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Sagrado Corazón de Jesús
Beato · 1865–1926

Beato Tiburcio Arnaiz, S. J., apóstol del Corazón de Jesús en Málaga

Fotografía del padre Tiburcio Arnaiz sentado, con sotana y crucifijo al pecho
Autor anónimo, hacia 1910 · dominio público

Tiburcio Arnaiz Muñoz nació en Valladolid el 11 de agosto de 1865, en una modesta familia de tejedores. A los cinco años quedó huérfano de padre, y su madre sacó adelante a sus dos hijos, Gregoria y Tiburcio. Entró en el seminario a los trece años y, para ayudar en casa, fue sacristán de las dominicas de San Felipe de la Penitencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de abril de 1890 y fue párroco tres años en Villanueva de Duero y nueve en Poyales del Hoyo (Ávila); en esos años se doctoró en Teología en Toledo [1].

Jesuita

Muerta su madre, y tras entrar su hermana en las dominicas, ingresó en 1902 en el noviciado de la Compañía de Jesús en Granada, con treinta y siete años. Allí hizo dos propósitos que cumplió con exactitud: «No pedir nunca nada y contentarme con lo que me den» y «Nunca me negaré a ningún trabajo, bajo ningún pretexto». Hizo los primeros votos el 3 de abril de 1904 y, tras pasar por Murcia y Loyola, pronunció los últimos en Málaga el 15 de agosto de 1912 [1].

Apóstol del Corazón de Jesús

Su compañero de misiones, el padre Ulpiano López, lo describe con «la profunda persuasión de que todo lo que se consagraba al Sagrado Corazón de Jesús daba resultados magníficos». A su hermana le escribía que «en la proporción que está la devoción al Corazón de Jesús está la piedad y prosperidad religiosa en los pueblos y ciudades» [2]. Él mismo se consagró al Corazón de Jesús con una fórmula en la que prometía «propagar, en cuanto sea dado a mi flaqueza, el culto de tu divino Corazón» [4].

Al llegar a Málaga en 1912 fue nombrado director diocesano del Apostolado de la Oración, que fomentó donde no existía y reavivó donde estaba decaído. Predicaba en la misa de los primeros viernes aunque tuviera que volver de las misiones, dispuso exposición del Santísimo cada primer viernes y dirigía la víspera la Hora Santa en el convento de las Reparadoras [3]. Entronizó el Sagrado Corazón en corralones y casas «que no se pueden contar», en Málaga y en los pueblos que misionó; en Ardales (1919) se entronizó en el Ayuntamiento, y en El Burgo (1920) redactó él mismo la fórmula de consagración que leyó el alcalde en nombre del pueblo [2].

Corralones y Doctrinas Rurales

En los corralones de Málaga abría escuelitas donde se enseñaba a leer y lo elemental de la fe; de esa forma de evangelizar nacieron las Doctrinas Rurales [1]. En 1922, María Isabel González del Valle y otras tres jóvenes empezaron a vivir en la Sierra de Gibralgalia con el plan que él les marcó [5].

Muerte y beatificación

En julio de 1926, predicando en Algodonales (Cádiz), enfermó de bronquitis y pleuritis. Trasladado a Málaga, recibió los últimos sacramentos el 10 de julio y repetía: «¡Qué hermosísimo es el Corazón de Jesús!… ya le veré pronto… ¡y me hartaré!». Murió el 18 de julio de 1926. Su cuerpo recorrió las calles por donde él había dirigido durante años la procesión del Corazón de Jesús, y fue enterrado en la iglesia del Corazón de Jesús de Málaga; san Manuel González lo definió como «un loco de Jesús» [1].

Fue beatificado en la catedral de Málaga el 20 de octubre de 2018, y al día siguiente el papa Francisco lo recordó como «incansable anunciador del Evangelio, sobre todo entre los humildes y los olvidados» [5][6]. La diócesis de Málaga celebra su fiesta el 18 de julio [5].

Palabras suyas

tengo bien visto que hoy en el mundo, por donde yo ando trabajando, en la proporción que está la devoción al Corazón de Jesús está la piedad y prosperidad religiosa en los pueblos y ciudadesCausa del beato Tiburcio Arnaiz, «El Padre Arnaiz y la consagración al Corazón de Jesús» (carta del padre Arnaiz a su hermana).
No se puede comulgar con el Corazón de Jesús sin querer amar lo que Él ama y sufrir lo que Él sufreCausa del beato Tiburcio Arnaiz, «El Padre Arnaiz y el Apostolado de la Oración».
¡Qué hermosísimo es el Corazón de Jesús!… ya le veré pronto… ¡y me hartaré! ¡Qué bueno es! ¡Cuánto nos quiere!…Causa del beato Tiburcio Arnaiz, biografía (palabras tras recibir los últimos sacramentos, 10 de julio de 1926).

Fuentes y documentación